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Amanecía
en el año 1930. Cali era un pequeño burgo de unos
50 mil habitantes que iniciaba su despegue industrial
y comercial. Fue así como gracias al ferrocarril llegó
el hierro y el cemento que sirvieron como estructuras
de uno de los símbolos más importantes de la arquitectura
caleña: El teatro Jorge Isaacs.
El
autor de esta excelentísima locura fue el señor Hermann
S. Bohmer, quien de su propio bolsillo compró el lote
del teatro por un valor de 600 mil pesos.
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Debido
a sus continuos viajes al exterior trajo de ellos
una buena idea para el teatro: la construcción de
locales comerciales en la planta de abajo. Sólo
hay dos teatros más de este tipo en el mundo donde
la luneta queda en el segundo piso, uno en París y
otro en Buenos Aires.
El
inmigrante italiano Maurizio Romelli dirigió a lo
artesanos caleños en la elaboración de los hermosos
detalles de yesería que aún se conservan en el teatro.
Gaetano Lignando y Guido Micucci, ambos ingenieros
naturales de Italia, fueron sus constructores. Le
imprimieron el sello de las tendencias estilísticas
europeas de la época e incorporaron a la vez técnicas
y materiales modernos.
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Los
interiores y fachadas del teatro presentan una mezcla
rica y variada de distintas tendencias ornamentales
que para nada desmerecen su valor arquitectónico.
Sus
artesanados evocan escenas bucólicas de la más pura
tradición neoclásica; símbolos de las artes escénicas
aparecen en los bajos relieves: capiteles júnicos,
balustradas, columnas y un vitral que reproduce el
escudo de Cali enriquecen sus líneas arquitectónicas.
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Dotado
de una gran acústica y con generoso escenario, además
de unas maravillosas posibilidades escénicas, el
Isaacs ha servido hasta de ruedo para una corrida
de toros.
Sin
embargo, la situación económica nacional, el desempleo
y otros factores influyeron para que los caleños
no volvieran al teatro haciéndolo caer en desgracia,
tal como lo evidencia el arquitecto Miguel Binnaher
quien encontró el esqueleto intacto de un gato en
uno de los vestíbulos donde antes se guardaban pelucas
y trajes de actores. Alguien le había cerrado la
puerta hace quince o veinte años al pobre felino.
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En
1984 el teatro Jorge Isaacs fue declarado monumento
nacional. La administración municipal lo adquirió
en 1986, pero fue a partir de 1989 cuando comenzaron
los trabajos de restauración y remodelación para volver
funcional al teatro y así ofrecer espectáculos múltiples.
Se
dotó al escenario de modernos equipos de iluminación
escénica, parrilla, concha acústica y foso de orquesta
con base en los diseños y especificaciones propuestas
por los arquitectos desde 1987.
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El
teatro Jorge Isaacs es un monumento que ha hecho y
seguirá haciendo historia en la sucursal del cielo.
Los caleños, por su parte, le seguirán agradeciendo
al señor Hermann Bohmer y a su familia por haber creído
en un sueño.
Texto: JUAN MANUEL ANDRADE ARBOLEDA
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